Poder e impotencia en el alma de la mujer
Pamela Kribbe canaliza a María Magdalena
Queridos amigos, soy María Magdalena. ¡Os saludo a todos con calidez y alegría en mi corazón! Sois muy conocidos y familiares para mí. Nos hemos conocido en tiempos pasados y también estamos unidos por un pasado compartido, por un reconocimiento de almas, porque todos nosotros, a nuestra manera, recorremos el mismo camino. Y ¡oh, cuán largo y arduo puede ser ese camino, y cómo él nos conduce a través de muchos valles profundos antes de llegar a la Tierra Prometida!
Hoy quisiera hablaros sobre la profundidad de esos valles. Si permitimos que este tema tenga voz, surge una luminosidad y claridad en la conciencia, y esto solo puede conducirnos hacia arriba, hacia esa Tierra Prometida, el territorio de la Nueva Tierra. La Tierra Prometida es aquel lugar donde las personas pueden volver a tomarse de las manos con interés y asombro: hombres y mujeres, adultos y niños. Esta Tierra, esta visión de un nuevo país, está profundamente grabada en el corazón de todos nosotros; y como ese nuevo mundo se acerca, hoy estoy aquí para compartir mis pensamientos con vosotros. Soy vuestra hermana en espíritu y, dado que también he sido un ser humano, conozco los abismos y las cumbres de ser un humano en la Tierra.
¿Por qué todo es tan difícil? ¿Y por qué debemos descender tan profundamente? Puede sonar extraño para vosotros, ¡pero no tengo las respuestas! Aún no he llegado a la meta desde la cual podría enseñaros mediante discursos espirituales. Estoy recorriendo el camino al igual que vosotros, aunque ahora veo las cosas desde este lado de una manera diferente de cuando vivía como un ser humano. He tenido muchas experiencias intensas en mis vidas en la Tierra, pero aún sigo en el viaje; y ahí reside parte de la respuesta, así como parte de la liberación y el alivio: ¡no tenéis por qué saberlo todo! Se os permite estar en el viaje y no tenéis que comprenderlo todo a través de procesos mentales. Mi camino consiste en sentir; sentir la vida con sus múltiples profundidades y alturas; sentir esas experiencias intensamente desde el interior y, a partir de ahí, dar con una cierta verdad, una revelación, una comprensión—algo que no se puede obtener más que a través de la experiencia misma. Por eso no estoy aquí para predicaros acerca de verdades elevadas. Es el «camino de la experiencia», el camino interior, lo que me atrae y hace que mi viaje tenga algo en común con el vuestro.
Hoy quiero hablar acerca de la energía femenina: cómo está floreciendo en este tiempo y cómo cada vez más es invitada a manifestarse en este mundo. Existe una necesidad de equilibrio entre la energía masculina y la femenina —tanto en el mundo como en las propias personas—, pero ¿por qué ha resultado tan difícil alcanzarlo? A simple vista, parece como si ese equilibrio ya se hubiera logrado. Hoy en día las mujeres tienen prácticamente los mismos derechos que los hombres, al menos en Occidente. En ciertas partes del mundo, las mujeres pueden realizarse a sí mismas con la misma libertad que los hombres: ocupar puestos de poder, acumular riqueza y todas esas cosas.
Sin embargo, en un nivel más profundo, algo más está ocurriendo; por lo que aún falta mucho en la manera en que se logra ese equilibrio. Lo que realmente ocurre cuando las mujeres luchan por la igualdad de esa forma, es que la energía masculina —la energía del dominio y el poder— se siente atraída hacia las mujeres y ellas la utilizan al servicio de sus propios intereses. No considero que esto sea censurable —no emito juicio alguno al respecto—, pero cabe preguntarse: ¿acaso eso llena profundamente el alma femenina? Y, del mismo modo, ¿acaso el acumular poder y dominio sobre los demás realmente llena profundamente el alma masculina? En cualquier caso, estas son las preguntas que surgen de manera consciente en este tiempo entre las personas que se cuestionan: «¿Quién soy realmente? ¿Para qué vivo? ¿Cuál es el sentido de esta vida?». Las respuestas evidentes a estas interrogantes se han ido. Vivimos en un nuevo tiempo en el que todo es cuestionable y no existen respuestas preestablecidas. El terreno de «cuál es el sentido de la vida» permanece en barbecho y aún no ha dado frutos. Por ello, existe también mucha confusión; aunque, en parte, se trata de una confusión positiva, pues se están abandonando las viejas formas de pensamiento dogmáticas y encasilladoras; ya no hay lugar para ellas. Hay una nueva generación que piensa y siente de manera diferente —y, sobre todo, que *siente*—, y ahí reside la posibilidad de una verdadera resurrección de la energía femenina.
¿Qué sucedió con la energía femenina? ¿Qué le ocurrió en el pasado? La energía femenina fue despojada de su poder —y en maneras que no necesito describir, pues todas las mujeres conocen esa subyugación desde dentro—. Los hombres también han experimentado esto cuando han tratado de sentirse en armonía con su propia energía femenina. Esto ha sido difícil para los hombres, porque han aprendido a depender casi exclusivamente de su energía masculina —con su determinación y empuje— y han perdido de vista su energía femenina. La idea de que ambas van de la mano y fluyen juntas sigue siendo un concepto ajeno para la mayoría de las personas.
Pero, ¿qué les sucedió a las mujeres? Si observas el aura femenina a escala global —como una forma que abarca toda la energía femenina colectiva reunida—, verás que en la zona del abdomen se ha abierto un agujero en la energía femenina. Los centros energéticos inferiores —toda esta área del abdomen que incluye la base de la columna (el coxis) y los centros del ombligo y del plexo solar— han quedado, en cierto modo, vacíos y des-empoderados. En muchas mujeres existe —a veces sin que ellas mismas sean conscientes de ello— una profunda sensación de indignidad, inferioridad e inseguridad. La confianza en la fuerza abdominal femenina se ha vuelto algo poco común, porque esa fuerza abdominal es realmente muy poderosa. No se trata de una energía suave y delicada como la de un gatito, sino de una sabiduría fuerte y consciente; una sabiduría con profundas raíces en la Tierra ¡y que no tolera vacilaciones ni rodeos!
¡Para permitir que esa fuerza, ese poder, entre en tu vientre —tras largos siglos de haber sido violada, acosada y torturada— hay que dar un salto al vacío! ¿Qué sucede cuando has sido humillada, rechazada y vulnerada en lo más profundo de tu ser, y es algo que muchas mujeres han vivido durante siglos? Empujas tu energía hacia arriba y te retiras de esa zona del abdomen, que es también el lugar de las emociones, de la intimidad, de la sexualidad y de la reproducción. Tu pelvis, la cual está naturalmente conectada con las fuerzas de la Tierra, queda vacía. Te retraes de esa zona de tu cuerpo porque sientes miedo y peligro al estar allí y expresar tu poder desde allí. ¿Y qué ocurre con ese movimiento de retirada? Surge una especie de brecha entre la parte superior y la inferior; entre la energía del corazón y la energía que está arriba de ella, y la energía del plexo solar y la energía que está por debajo: esa energía del abdomen.
Ahora quiero dar un paso bastante importante. En esta época, muchas personas se sienten tocadas por una conciencia espiritual y por interrogantes espirituales: «¿Qué es lo que me mueve en lo más profundo?», «¿Soy solo esta persona de carne y hueso o soy un alma que trasciende lo físico?». En el momento en que desarrollas tu conciencia espiritual, tu corazón se abre. Con la mente adquieres conocimientos: lees libros, escuchas historias de personas describiendo su viaje, su vida, sus momentos de despertar. Con tu corazón abierto, te vuelves sensible a las energías de los demás e incluso puedes llegar a agotarte, ya que sientes profundamente lo que otros sienten.
De este modo, el corazón y la mente se llenan de nuevas ideas que, si bien suelen ser bienvenidas, también pueden volver tu vida muy complicada. Los pensamientos nunca están exentos de obligaciones; adoptar nuevas creencias puede ser una aventura arriesgada. Si permites que un nuevo pensamiento realmente pase a formar parte de ti, tu vida cambiará profundamente; esto es especialmente cierto cuando se trata de nuevos pensamientos en el área de la espiritualidad. Si en lo más profundo de tu ser sabes: «Soy un alma; soy mucho más de lo que me han enseñado sobre mi identidad y mi rol; siento en mi interior una fuerza a la que deseo responder, pues así podré vivir desde mi alma y pensar, hablar, desear y crear con autenticidad».
De esta manera, se puede despertar el corazón a la vida. Pero, mientras tanto, ¿qué ha pasado al área del vientre, que ha sido vaciada por traumas antiguos? Aunque no hayas sufrido malos tratos ni agresiones —ni de niña ni de mujer— en esta vida, una parte esencial de la energía femenina aún alberga patrones profundamente arraigados que siguen vivos en cada mujer; imágenes de humillación y dolor. A ninguna mujer le resulta fácil dejar que la poderosa energía de su vientre fluya con naturalidad.
Paradójicamente, es precisamente cuando inicias el camino espiritual que, tarde o temprano, necesitarás afrontar esta situación. Se habla mucho acerca del corazón, y de abrir el corazón y de conectar tu corazón con el todo; sin embargo, aquí acecha una trampa, especialmente para las mujeres, pero también para todas aquellas personas en quienes la energía femenina está fuertemente desarrollada. Si conectas con los demás sin estar presente en tu vientre —ese centro donde puedes mantenerte en contacto con tus necesidades y tu verdad—, entonces tu conexión con los demás puede llevarte a perderte a ti misma, al agotamiento, y a una entrega incesante hacia los demás. Esto, de hecho, es lo que sucede muy a menudo a las mujeres altamente sensibles. Y ciertamente les ocurre a los trabajadores de la luz altamente sensibles, quienes ya sienten un fuerte impulso interior hacia una Nueva Tierra, donde pueda existir mayor armonía entre las personas, así como más libertad y amor. Pero ¡qué fácil es sucumbir cuando no logras integrar plenamente la energía de tu alma y de tu corazón en el nivel del vientre, y, de este modo, descender verdaderamente a las profundidades de la cavidad pélvica, que simboliza el poder de la energía femenina! Pero cuando vives desde ese espacio de fuerza primordial, puedes sentir que todo en la naturaleza solo puede sobrevivir cuando existe un equilibrio entre dar y recibir, entre estar contigo misma y estar con el otro, entre conectar y dejar ir.
Es debido a este necesario equilibrio que quiero hacer un firme llamado a las mujeres; a las personas altamente sensibles; a las personas espiritualmente motivas: cuidad esa fuerza abdominal y hacedla vuestra. ¡Atreveos a defenderos nuevamente y a ocupar el espacio que surgió en la meditación! A veces asociáis la espiritualidad con el amor, la luz y la conexión —y eso también es cierto y puede ser increíblemente hermoso—, pero una conexión verdaderamente equilibrada se mantiene o se pierde según la capacidad de ponerse límites, de crear limites y de experimentar plenamente vuestra propia fuerza y dignidad.
Yo viví en una época en la que la libre expresión de las mujeres no era aceptada ni valorada. Sentía una profunda conexión con el mensaje de Jeshua Ben Joseph y con la esencia de la energía Crística. Fui tocada por sus palabras, su carisma, y experimenté todo aquello a mi manera. Al mismo tiempo, albergaba una gran ira hacia los poderes establecidos que me impedían ser quien yo realmente era: independiente, poderosa y de voluntad firme. En aquella vida, a menudo me veía obligada a replegarme sobre mí misma y luchaba contra mis propios sentimientos de impotencia y rabia. La energía de la frustración se apoderaba de mi vientre y, en lo más profundo, latía una sensación de inferioridad por no ser reconocida como un ser humano pleno. Al mismo tiempo, también podía sentirme invadida por el éxtasis de estar en armonía con la energía que me unía a los otros discípulos y a personas afines. Allí sentía un poder y un reconocimiento que me sostenían y me recordaban el Hogar. Aun así, me correspondía a mí realizar el trabajo interior de aceptar mis propios sentimientos de inferioridad e inseguridad. Cabe señalar que el poder y la falta de poder están estrechamente relacionados entre sí.
He titulado el tema de hoy: el poder y la impotencia en el alma de la mujer. Es precisamente porque las mujeres han aprendido a sentirse impotentes desde ese espacio de su vientre, que a veces tienden a dar demasiado desde el corazón —a entregarse hasta agotarse— o a perderse completamente en sus relaciones con los demás, ya sea con la pareja, un hijo, un progenitor o un amigo. Perderse en el otro frecuentemente muestra que no te sientes plenamente en casa dentro de ti misma ni segura en tu propio terreno. Si hay una sensación de vacío o alineación que prevalece, resulta tentador buscar a otra persona —aparentemente por amor—, pero en el fondo acecha otro motivo: necesitas al otro para sentirte bien, para sentirte en casa y para sentirte aceptada.
Ese fue mi trabajo interior, y aquí te invito a determinarlo por ti misma: «¿desde dónde me conecto con el mundo que me rodea: con mi pareja, con mis amigos y amigas, con mis hijos y mis padres?». Observa qué se siente a nivel del vientre en tu relación con otra persona —puedes pensar en alguien en concreto— y la palabra «espacio» puede ayudarte en esto. ¿Puede tu vientre relajarse en esta relación? ¿Te sientes nutrida, arraigada y aceptada tal como eres? ¿O sientes que debes esforzarte y que pierdes energía en favor del otro al hacerlo? Estas son señales de que algo te carcome, de que estás dando demasiado o de que te esfuerzas en exceso por obtener la aprobación de los demás, porque en algún lugar muy profundo y oculto de tu vientre habitan un miedo, un dolor, un vacío.
Por último, quisiera invitaros a todos a descender conmigo al área del vientre: tan maltratada, traumatizada y cargada por el pasado. Pido a cada uno de vosotros —hombre o mujer— que descendáis conmigo a esta zona de dolor colectivo. Llevad una antorcha y no temáis. Sois más fuertes que el dolor, y sois más fuertes y luminosos que la oscuridad. Sembrad Luz en esta área olvidada e invitad al poder de la energía femenina a manifestarse nuevamente en la Tierra: el poder de la Tierra y las fuerzas de la naturaleza…el poder del sentir y la intuición, y el poder del Misterio…el ritmo de la siembra y la cosecha, y de las estaciones…la luz serena de la luna…que estos elementos den fruto durante vuestras vidas, que lo femenino vuelva a brillar nuevamente…y esta vez no solo desde el corazón, sino desde esa capa profunda de sabiduría que reside en vuestro vientre.
Quédate ahí conmigo, con una antorcha encendida en la mano. Siente el dolor de la Tierra y el de tantas generaciones de sufrimiento vivido por las mujeres, y también parcialmente sentido por los hombres; hombres que perdieron la conexión con su propia energía femenina. Siente también el poder de la Luz, de tu Luz. Al volverte hacia tu Luz en silencio, algo cambia. Gracias por tu presencia.
© Pamela Kribbe
Traducido del inglés por Isabel Suarez-Perez


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