Crea Espacio para Ti
Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Queridos Amigos,
Soy Jeshua, os saludo desde mi corazón. Estoy cerca y vivo en vuestros corazones. En un nivel más profundo, estamos conectados y somos uno, como las células de un cuerpo más grande o las chispas de luz de una gran estrella ¡Sentid esa conexión!
Cuando vives en la Tierra, te vuelves experto en la experiencia de la separación. A menudo, eso es lo primero que aprendes de niño, de bebé: que estás separado de los otros, que eres un cuerpo que necesita alimento, cuidado, y atención. En la Tierra, incluso al comienzo de la vida, hay mucha más atención en lo físico y lo material que en el nivel de la unidad, que es la conexión con aquel lugar de donde provienes. Rápidamente te ves obligado a despedirte de la unidad, debido a esta fijación en lo físico y lo material. Aunque eso también podría suceder gradualmente, y un niño podría conservar esa sensación familiar de unidad y conexión durante más tiempo. De esa manera, la vida –desde la infancia y la adolescencia— sería menos difícil e intensa. Si el contacto con la unidad, con el alma, se pierde prematuramente por falta de consciencia de los padres o del entorno, entonces la infancia —toda la infancia— se vuelve más difícil de lo necesario. Todos vosotros lo habéis experimentado.
Piensa en un momento de tu infancia, incluso antes de la pubertad, en el que te sentiste solo o perdido, o que no encajabas, o simplemente te sentías desconectado de las personas y del mundo que te rodeaba. Quizás había una ensoñación en tu interior que te impedía participar plenamente. Recuérdalo y visualiza al niño que eras. La infancia es una etapa muy rica de la vida, pero en la tierra –las personas, los padres— se centran en lo que se entiende como la buena crianza de sus hijos: se centran en lo que está por venir. Viven con la vista puesta en el futuro, mientras que dentro del propio niño se esconden muchos tesoros y secretos –a veces completamente desaprovechados porque tiene que apresurarse a crecer.
Mira en tu interior para ver si el niño que llevas dentro, tal como eras, albergaba un tesoro que aún no has aprovechado, o que no has aprovechado lo suficiente en tu vida actual. Imagina a ese niño. Deja que aparezca en tu corazón o en tu interior. Observa qué lo hizo diferente –siente su alma. Siente lo que dejó atrás en su primera infancia, en cuanto a riqueza interior y recuerdos de otros reinos del ser. Siente lo misterioso que era este niño. Siente lo misterioso que eras tú. Siente lo invisible, lo inaudito en este niño y tráelo al primer plano. Es, de hecho, tu propia esencia lo que estás invocando con esto, tu propio núcleo que se ha perdido silenciosamente en la agitada existencia terrenal, orientada al crecimiento externo.
Imagínate de nuevo como ese niño soñador que una vez fuiste e intenta penetrar la singularidad de este niño con tu conciencia adulta. ¿De qué se trataban sus sueños? ¿Qué extrañaba el niño que llevas dentro en este mundo? ¿Qué extrañaba más?
Todos tenéis una profundidad interior que se ha vuelto invisible. Pero esa profundidad os lleva a vuestra alma, y la necesitáis para experimentar significado y propósito en vuestras vidas. Así que cuestionad seriamente ese aspecto de este mundo que se fija en lo externo y lo físico, incluyendo la actividad y el propósito: esto a menudo os distrae enormemente de la profundidad interior que es inherentemente vuestra. Sentid esa profundidad a vuestro alrededor.
Imagina volar por un cielo oscuro, viendo todas las estrellas. Vuelas por el universo o flotas a través de él con facilidad. No requiere esfuerzo. Te sientes en casa allí. El cosmos te resulta familiar –te sientes en casa en el cosmos. Miras a tu alrededor a todas esas estrellas y te sientes sostenido por un gran amor– estás a salvo. Tu conciencia está muy abierta –no tienes que concentrarte en nada. Todo está bajo control –eres libre. Te sientes relajado –no hay nada que hacer, nada debe hacerse. La eternidad te rodea –no hay prisa…
Ahora sientes que flotas lentamente hacia la Tierra. Ves una bola de luz azul: el planeta Tierra. La miras con total neutralidad –no necesitas hacer nada. Lentamente te acercas a la Tierra. Ve la Tierra como una esfera de energía, como un campo de energía. Ahora vas a conectar con ella sin necesidad de estar en un cuerpo. Imagínate avanzando hacia la Tierra como un ser etéreo o espiritual, pero sin la carga de un cuerpo; eres completamente libre. Luego viajas a través de la atmósfera terrestre.
¿Qué te impacta al percibir la atmósfera terrestre, la energía colectiva de la Tierra? No necesitas hacer nada con ella. No necesitas ayudar ni cambiar nada. Simplemente sientes las diferentes energías en la Tierra.
Ahora te pido que te concentres en dos energías diferentes.
La primera es la energía de la naturaleza en la Tierra: el reino vegetal, el reino mineral, los animales, toda la naturaleza; la belleza y la armonía presentes en la naturaleza, las fuerzas del planeta, de la Madre Tierra. Observa lo que esa energía te hace, lo que evoca en ti. Hay algo que te conecta con la Tierra. No es solo que hayas vivido muchas vidas aquí y ahora estés aquí de nuevo. Siente tu conexión con la Madre Tierra. Siente el significado de esa conexión –una conexión ancestral.
Ahora concéntrate en una energía diferente, la energía de la humanidad en la Tierra. Imagina: todos esos países de la Tierra, poblados por personas con diversas culturas y creencias. Percibes esto de forma muy neutral. No necesitas hacer nada –no tienes que hacer nada. Estás en una dimensión de eternidad –hay tanto tiempo para todo. ¿Qué te hace la energía de la humanidad? ¿Cuál es tu inspiración espontánea? ¿Cómo te relacionas con esa esfera de la humanidad, la esfera colectiva? ¿Quieres abandonarla? ¿Quieres ir allí? ¿Te sientes en casa o te resistes? ¿Te sientes como un extraño? ¿Qué desea tu alma respecto a tu relación con la humanidad? Obsérvalo sin juzgar. Ahora eres el niño que llevas dentro: grande y soñador, conectado con el mundo del alma. El niño aún es muy libre, capaz de muchas posibilidades.
Finalmente, ahora observa si hay espacio en tu vida diaria, aquí y ahora en la tierra, para ese niño que llevas dentro, alguien que aún está en contacto con el alma y con una conciencia diferente; alguien que aún no está tan obsesionado con hacer, actuar, lo práctico, lo concreto, lo externo. Necesitas esa conciencia mucho más libre y también más soñadora. Es tu acceso a la canalización, a la intuición, a la imaginación, a la creatividad. Necesitas desesperadamente esa parte infantil para mantener el contacto con tu alma en este mundo. Por lo tanto, puedes crear espacio conscientemente para ella.
Tu mundo interior es importante y no debería estar sujeto a demasiadas reglas. De lo contrario, se vuelve árido y estéril. Todos sabemos que un niño está lleno de fantasías, no conoce límites y quiere trascenderlos: quiere soñar y vivir aventuras. Esta es una parte preciosa de ti. Observa si le haces suficiente espacio en tu vida diaria. Pregúntale a tu niño interior: “¿Cómo puedo nutrirte energéticamente? ¿Cómo puedo crear más espacio para que puedas alcanzar tu máximo potencial?”.
Entonces date cuenta: si le haces espacio a tu niño interior, probablemente estés yendo en contra de las reglas de la sociedad, en contra del mundo que te rodea. Estás haciendo algo que parece inútil, sin propósito, solo soñando despierto. Puedes parecer vago, cuando en realidad estás conectando con otras dimensiones de la conciencia que son muy fundamentales. ¡Haz espacio para ti! Entonces recibirás intuiciones e inspiraciones que no provienen de tu mente ni de tus emociones terrenales, sino del reino del alma. Tus guías, ayudantes, amigos, conectados —como dije al principio— también están ahí, como las células de un cuerpo, como las chispas de una estrella. Cuando te tocan, tu alma despierta aún más en la Tierra. Están a tu alrededor para tocarte, para permitir que eso suceda. Pero cuando te toca la intuición, la inspiración, la información canalizada, te vuelves más vivo: ¡eso es lo que experimentas! ¡Tu alma despierta más! Eso te da una sensación de intensa alegría, porque el alma quiere estar aquí, quiere estar completa en la Tierra, no rota ni presente solo en fragmentos, no expulsada de la vida cotidiana, sino completamente aquí.
Cada momento en que experimentas una profunda alegría y sientes que conectas contigo mismo, es un momento de contacto con el alma y también un momento de canalización, porque todas las energías superiores están destinadas a fomentar esto en ti. Ese es el propósito de ser maestro o guía: despertar el alma dentro de la humanidad en la Tierra. Tú eres el canal. Tú eres lo que se está despertando. El propósito de la canalización no es externo a ti –tú eres el propósito. Y cuando tu alma despierta en tu vida terrenal, irradias luz. Eso ocurre de forma natural. No tienes que esforzarte ni aprender nada para conseguirlo.
Honra al niño que llevas dentro. Reconoce la profundidad y el misterio de tu propia infancia y sana las heridas que –a menudo sin querer– te infligieron en tu infancia. Vuelve a dar cabida a lo espontáneo, a lo intuitivo, a la capacidad de superar límites dentro de ti. Te apoyan las fuentes de luz que te rodean. Eres muy querido por nosotros. Nunca te abandonaremos.
Muchísimas gracias,
Jeshua
© Pamela Kribbe
Traducido del inglés por Isabel Suarez-Perez


2 thoughts on “Crea Espacio para Ti”
Agradezco con mi Alma estas canalizaciones que me acompañan, guían y acarician a todo mi Ser. Gracias por publicarlas y compartirlas porque nos sanan y nos recuerdan quienes somos en verdad
Me llena de esperanzas de seguir avanzando en esta vida!!!, saber que no estamos solos y que podemos cambiar la historia de nuestras vidas es lo más maravilloso que leen mis ojos!!, gracias por compartir estas maravillosas canalizaciones llenas de amor , luz y esperanza!