La Conciencia del Alma Pura
Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Queridos Amigos,
Soy Jeshua. Estoy con ustedes. No están solos.
Vosotros, como portadores de una nueva conciencia en la Tierra, estáis inmersos en un proceso de nacimiento. Traéis una nueva conciencia al mundo y al campo energético colectivo de la tierra. Para hacerlo, primero debéis sumergiros en la conciencia colectiva –tal como ésta es. Imaginad que bajáis desde el cielo para sumergiros en un océano profundo, y a través de esta inmersión entráis en contacto con las energías submarinas. Esta es, por supuesto, una imagen en la que podéis sustituir la palabra «submarino» por «subconsciente». No es fácil vivir «debajo del agua». En vuestra juventud os dais cuenta que, en realidad, no podéis respirar bien ni con libertad en esta atmósfera terrestre: en este campo colectivo de creencias y miedos. Entonces sentís como si realmente os estuvierais asfixiando; sin embargo, aún os queda aliento suficiente para sobrevivir, aunque ello no os resulte sencillo.
A medida que crecéis, la mayoría de vosotros, tarde o temprano, experimenta que algo anda mal en este mundo. Y por mucho tiempo, es posible que penséis que ese «algo que anda mal» sois vosotros mismos. Sin embargo, llega un momento en que el dolor y la ansiedad se vuelven tan intensos que realmente comenzáis a buscar soluciones. Conocéis gente, o encentráis libros o descubrís situaciones que traen luz a la situación. Reconocéis allí algo que os resulta familiar, algo que os da la sensación de «volver a casa». No podéis encontrar una causa racional para ese sentimiento; es intuitivo, y no proviene de vuestro ser terrenal —de vuestra personalidad— sino que proviene de vuestra alma. Por lo tanto, si reconocéis algo que os hace sentir en casa —otra persona, un libro, una película o música—, entonces vuestra alma en realidad ha despertado debido a eso que habéis encontrado, y sentiréis el impulso de dirigiros hacia ello.
Tan pronto como sentís el llamado de vuestra alma en vuestra vida, los cambios llegarán. Es como nadar bajo el agua, cuando casi os quedáis sin aliento y, de repente, veis un punto de luz en la superficie del agua. Lentamente nadáis hacia él, lo que crea cierta tensión interior. Para poder nadar hacia la luz, y sacar la cabeza del agua y respirar nuevamente, primero tenéis que decir adiós a muchas viejas certezas e ilusiones. El camino ascendente para sentir el aire, para respirar e iluminarse no es evidente por si mismo. Aunque os sintáis ansiosos y queráis ir hacia la luz, al mismo tiempo hay un apego que os mantiene abajo porque os habéis convertido en parte de la conciencia colectiva. «Abajo» es donde viven todos vuestros seres queridos y conocidos, con los hábitos que todos habéis construido, así que se necesita mucho valor para que vuestra personalidad terrenal nade hacia arriba.
Sin embargo, el alma está lista para ello. Desea regresar a lo que considera su «hogar»; desea volver a su estado natural del ser. La personalidad terrenal, sin embargo, lucha contra ello, porque siente miedo. Siente ahora este conflicto en tu interior. Una parte de ti está lista para encarnar la nueva conciencia: aquello que tu alma quiere traer y desea ser. Tu alma está preparada para hacerlo en cualquier momento. Sin embargo, también posees una personalidad terrenal que está moldeada por el pasado, por tu juventud y por tu necesidad de ser aceptado: primero por tus padres y, más tarde, por tus pares, por las figuras de autoridad y por tus empleadores. Así que hay una personalidad dentro de ti que está en conflicto con tu alma.
Ahora, conecta con la conciencia del alma pura en tu interior; con esa parte de ti que reconoce la verdad y que no se ve influenciada por el miedo, por las creencias limitantes ni por las improntas negativas, tales como: «eso no es posible», «eso no debería ser», o «no, soy demasiado pequeño, demasiado insignificante para ser eso». Dirígete a esa parte de ti que no puede ser afectada por todo eso, que se mantiene separada de esas creencias o improntas negativas. Esta es tu parte más poderosa, la parte que percibe con la mayor claridad.
Te pido que estés dispuesto a conectar con esa parte; a decirle «sí» y, entonces, ver qué sucede a continuación. Observa si sientes algo dentro de tu cuerpo o en tu campo energético que llame tu atención. ¿Existe algún punto o lugar allí donde te sientes conectado con tu alma? Puedes imaginar que hay un guía superior o una figura junto a ti que representa a tu alma. Anímate a percibir a ese guía, ángel o maestro —situado detrás de ti o a tu lado— que representa la intención de tu alma. Observa qué quiere decirte o entregarte esa persona, forma o ángel.
Este guía —tu alma— ve más allá de lo que tú puedes ver; así es que confía en él. Él ve de manera más amplia y vasta de lo que tus ojos y tu mente terrenal pueden ver y concebir. Pregúntale qué es lo mejor que puedes hacer en este momento. Pídele consejo y confía en lo que recibas. Solo tiene que ser una palabra, un pensamiento o una imagen. Simplemente confía en tu alma. Ella toma en cuenta tus necesidades y no te exige demasiado. Tu alma desea brindarte alegría y quiere que te sientas más relajado y en armonía con la vida. Desea que te liberes de la gravedad del mundo, para que puedas moverte al compás de las olas de una nueva energía, que es más ligera y libre de cargas, la energía de una nueva era.
A continuación, te pido que conectes con aquella parte de ti a la que le cuesta más soltar lo viejo; aquella que se opone a lo nuevo. Parece una contradicción, pues dirías que todo tu ser desea recibir más felicidad, más libertad, más éxito o amor. Si te sientes atrapado en el fondo del mar, entonces todo tu ser anhela subir a la superficie, hacia la luz, donde puedas respirar –o al menos, eso es lo que esperarías. Sin embargo, no es así.
Puedes imaginarlo de esta manera: hay partes de ti que han tenido que sobrevivir durante tanto tiempo en el fondo del mar que han desarrollado estrategias de supervivencia para sentirse seguras estando allí. Cuando asciendes a la superficie del agua —y nadas, respiras y ves el sol— te sientes muy libre y poderoso. Pero esa parte cerrada de ti, la parte asustada, siente que el abrirse, mostrarse vulnerable y desprotegido resulta algo casi imposible de hacer. Se ha acostumbrado a permanecer cerrado, pues siente mucho miedo del campo colectivo de ideas y energías en este mundo.
Conecta ahora con esa parte asustada en ti. Del mismo modo en que conectaste con tu parte más luminosa y libre —con tu alma—, observa ahora si puedes sentir en qué lugar de tu cuerpo reside esa parte tuya más asustada y cerrada. Esa es la parte que piensa: «Tengo que adaptarme; tengo que mantenerme pequeño; tengo que ser prudente; no confío en nada; no soy capaz de cambiar nada». Puedes imaginar que ves una caja frente a ti; una caja de cartón, por ejemplo, o algo similar. Esa parte contraída en ti se ha acostumbrado a tener que sobrevivir dentro de esa caja.
Imagina que tú eres una figura de luz sentada junto a esa caja y que, con gran delicadeza, posas tus manos sobre ella; tus manos irradian amor, seguridad, y una luz cálida. Sientes que, sea lo que sea que haya dentro de esa caja, le das la bienvenida, pues no temes a tu propio miedo. Le dices a la caja: «Eres bienvenida; por favor, muéstrate». Y la caja se abre, y algo o alguien sale de ella; algo o alguien que ha sufrido, que ha sentido soledad y que ha estado privado de oxígeno y de libertad. No es necesario que lo veas con exactitud; basta con que sientas o experimentes su energía –eso es suficiente. Y, lo más importante, no tienes que hacer nada al respecto.
El acto decisivo aquí es que estés presente con tu propia parte asustada; que simplemente le permitas estar ahí. Solo di: «Eres una parte de mí; te acepto». Eso es todo lo que se te pide hacer para integrar las partes luminosas y oscuras que habitan en ti. No tienes que luchar contra la parte oscura o asustada, y no tienes que mejorarla, cambiarla, ni siquiera sanarla – simplemente tienes que aceptarla. Imagina recibirla en tu regazo y abrazarla. Siente cuánto ha sufrido esta parte de ti. Desea ser reconocida, aceptada, abrazada y sostenida.
Así es como te relajas. Cuando se produce esta aceptación, encuentras descanso. Te aceptas más a ti mismo y eliges actuar por tu propio bienestar. Sin embargo, al mismo tiempo, estás transformando algo para toda la Tierra, pues en esa parte temerosa de ti reside el antiguo campo colectivo de la humanidad. Al aceptar esa parte temerosa con tus brazos amorosos, liberas una porción del campo colectivo de la Tierra, y eso repercute en el todo, aunque no necesites saber exactamente cuál es ese efecto.
Por último, imagínate de pie, descalzo sobre la Tierra, allí donde te encuentres. Siente que la Tierra se está moviendo al compás de lo nuevo, que desea sostener lo nuevo y contribuir al cambio de conciencia. La Tierra anhela danzar contigo hacia una nueva era. Siéntete sostenido por ella.
Muchas gracias por tu atención.
© Pamela Kribbe
Traducido del inglés por Isabel Suarez-Perez

