El viaje del alma joven: La entrada a la dualidad y el ciclo de encarnación
Pamela Kribbe canaliza a Jeshua
Queridos amigos:
Soy Jeshua. Soy vuestro hermano. Somos iguales.
Estoy hoy aquí para compartir con vosotros algunas reflexiones sobre el viaje de vuestra alma, sobre la evolución de vuestra alma. A medida que os comparto estas ideas, os pido que no solo me escuchéis y oigáis con vuestra mente, sino que también uséis el corazón para recordar aquello de lo que hablo.
Todos vosotros habéis pasado por muchísimas vidas en la Tierra y estáis ascendiendo nuevamente. Cuando, como alma, entráis en los ciclos de encarnación —el ciclo de adoptar una forma, de entrar en la materia, en un cuerpo, para experimentar la vida desde esta perspectiva—, se produce una restricción. También podríais describirlo como un descenso hacia el mar o hacia la dimensión de la dualidad. Os perdéis a vosotros mismos, pero esa pérdida del yo es de naturaleza creativa.
También podéis describirlo como un proceso de fragmentación. Os dividís; os separáis en fragmentos. Si observáis todas vuestras vidas pasadas y no las veis como segmentos lineales que se suceden uno tras otro, sino que las miráis desde arriba, por así decirlo —tantísimos fragmentos separados por el tiempo lineal— entonces os hacéis una idea de lo que os sucedió. Os fragmentasteis y os dividisteis. Esto suena doloroso —y lo fue—, pero eso también fue un acto del alma profundamente creativo. Es Dios, o el Espíritu mismo, quien eligió esta fragmentación. Seguís siendo un espíritu cuando esto os sucede. En realidad, no os separáis, pero lo experimentáis como tal.
Quisiera que no solo escucharas lo que digo, sino que también sientas en tu interior este proceso de convertirte en humano y volverte limitado; este proceso de quedar atrapado y tener que habitar dentro de una forma —un cuerpo de carne y hueso—, y lo que se siente al reducir tu conciencia a los cinco sentidos y a la mente, a todo el proceso que conlleva poseer un cuerpo humano. Si lo miras ahora, se siente como si hubieras caído desde un estado de gracia, como si hubieras sido expulsado del paraíso y tuviste que emprender este terrible viaje de dolor y sufrimiento; pero así es como lo percibes ahora. Ya has llegado a los extremos de este viaje —a los extremos dolorosos de la realidad— y estás listo para trascenderlos. El dolor alcanza un nivel tan agudo que apenas logras comprender por qué alguna vez quisiste emprender este viaje, porqué alguna vez quisiste experimentar tales extremos, y eres incapaz de captar la creatividad inherente a este proceso.
Me gustaría llevarte de vuelta al principio, cuando eras un alma joven y albergabas en tu interior un deseo y una pasión profundos e instintivos. Era como un fuego. Sentías el deseo de salir de la Unidad. Sentías anhelo por la vida, por adentrarte en lo nuevo y en lo desconocido; en cierto modo, querías lanzarte a la oscuridad. Aquello que aún no se conoce puede percibirse como oscuridad. Existía un impulso en tu interior, el cual estaba dentro, en tu espíritu, un impulso por expansión y exploración. La motivación más profunda y apasionada detrás de este impulso es el deseo por mayor conciencia. La conciencia tiende a volverse al revés para expandirse aún más. Esto es lo que te sucedió a nivel micro cósmico. Como alma, reflejas a pequeña escala todo el cosmos, todo el universo. Sois como gotas en un océano infinito de divinidad: el océano del espíritu, de la vida. Todos sois únicos, pero también semejantes en el sentido de que reflejáis la totalidad en vuestra forma única.
Tú querías esto; querías experimentar por ti mismo, como esa gota única en el océano y, para lograrlo, tuviste que separarte y distanciarte de la Unidad. Ahora estoy hablando con conceptos humanos. Es difícil expresar con exactitud lo que ocurrió; por eso te pido que sintonices con mis palabras desde el corazón, no solo desde la mente. Resulta increíblemente difícil comprender en términos conceptuales lo que sucedió.
Para imaginarlo mas fácilmente, piensa en un niño que está a punto de aprender algo nuevo. El niño se siente profundamente atraído por las cosas nuevas que desea aprender. Al mismo tiempo, siente mucho miedo, una parte de él dice: «No, no; nunca abandonaré la seguridad y el confort del abrazo de mi madre o de mi padre. Me quedaré donde estoy». Otra parte del niño es muy aventurera y está deseando salir a explorar algo nuevo. Tú llevas ambas partes dentro de ti.
Imagina que eres un alma joven con un deseo inmenso de aventurarte, de nacer —en cierto modo— de entrar en el vacío y ser impulsada a salir del vientre materno. El vientre materno es como un estado de sueño, de inconsciencia, pero un estado de inconsciencia profundamente dulce. No eres consciente de ningún tipo de límites; sientes una Unidad dichosa. Sin embargo, algo se agita en tu interior que dice: «Tiene que haber algo más que esto». Hay un deseo de expansión, hay una curiosidad, y esta parte de ti se vuelve cada vez más presente. Esa parte quiere lanzarse al exterior y, aunque siente miedo de hacerlo, tú también sientes que es inevitable que, en algún momento, lo harás. ¡Entonces recuerdas que acabas de hacerlo! ¡Decidiste liberarte y lanzarte al agua!
Compara el hecho de entrar en el ciclo de encarnación con lanzarte al océano de la vida. Aún no sabes nadar. No tienes noción de lo que es nadar, así que te hundes y luchas por respirar; pero, aunque resulta doloroso, estás decidido a aprender, a instintivamente encontrar el camino hacia la superficie y tomar esa primera respiración profunda de vida. Cuando las almas se encuentran justo al comienzo de sus ciclos, experimentan esta primera respiración de vida de una manera distinta y única, porque tú eres absolutamente único.
Al atravesar esta primera inmersión en la oscuridad –ten presente que la oscuridad simplemente significa lo desconocido, una exploración de lo nuevo. Cuando haces esto por primera vez, experimentarás emociones intensas. Antes –en el estado de Unidad— habías experimentado sentimientos que comparé con estar dentro de un vientre materno, pero los experimentaste en un sentido etéreo, como vibraciones, como atmósferas. Eran sensaciones muy sutiles y refinadas; estabas en una especie de estado onírico.
Al lanzarte y sumergirte en lo que yo llamaría la dualidad, las emociones se vuelven mucho más concretas, agudas y definidas en su naturaleza. Las emociones de miedo, desesperación, triunfo o entusiasmo, son energías muy fuertes para el alma. Son nuevas para el alma, y el alma tiene que aprender a gestionarlas y a afrontarlas. Al principio, el alma está inmersa en el proceso de experimentarlas. ¿Recuerdas cómo era aquello? Ahora, a menudo luchas con tus emociones cuando sientes ira, miedo, desesperación o depresión. Tiendes a rechazar todos estos estados emocionales y quieres superarlos.
Me gustaría llamar tu atención sobre el hecho de que la propia existencia de estas emociones —ya sean positivas, negativas, buenas o malas— representan un estado de experiencia y creatividad totalmente distintas para el alma. Si observas todo esto desde la gran perspectiva del viaje evolutivo del alma, verás que el momento en que fuiste arrojado por primera vez a estas emociones constituyó un acontecimiento especial. No es necesario calificarlo de bueno o malo; fue, sencillamente, una experiencia nueva.
Ahora, me gustaría que conectaras verdaderamente contigo mismo desde el corazón, tal como eras cuando eras un alma joven que iniciaba su primera vida encarnada. Recuerda cómo fue aquello. Tuviste tu propia experiencia única y, por supuesto, a la mente humana le cuesta comprender lo que realmente sucedió. Resulta difícil incluso visualizarlo en términos temporales —como algo de un pasado remoto—, porque no fue así.
Para ayudarte a comprender lo que te sucedió, imagina que fuiste arrojado a aguas profundas y que, de alguna manera, lograste nadar hacia arriba y alcanzar la superficie del agua. Estás en un cuerpo, tomas tu primera respiración; estás respirando. Esta inhalación simboliza la incorporación de la vida, el respirar la vida: la vida dentro de la dualidad y toda la experiencia que esta ofrece. Recuerda este primer aliento de vida. Permite que tu intuición, tu corazón y tu imaginación te conecten con estas primeras experiencias y siente cómo fueron para ti —una mezcla de emociones— siéntelas, recuérdalas.
Al hacerlo, al conectar con ese momento, respétate a ti mismo. Como un alma joven, estabas lleno de vida; una vida que se movía hacia una nueva conciencia, hacia nuevas experiencias, nuevas perspectivas y nuevo conocimiento. En esta etapa temprana de tu ciclo de vida —tu etapa temprana de tu ciclo como alma única—, me gustaría que, en primer lugar, identifiques tu miedo más básico o fundamental y, en segundo lugar, tu alegría más básica o fundamental. Con eso quiero decir que, cuando te ves inmerso en esta experiencia de dualidad, surge una ambigüedad y una ambivalencia que también están presentes en el niño pequeño que mencioné antes: ese niño que teme aprender algo nuevo, pero que al mismo tiempo está muy deseoso de aprender a aceptarlo y enfrentarlo.
¿Cuál era tu mayor miedo? Intenta ser muy especifico al conectar con esta etapa inicial de tu experiencia. Es la experiencia de nacer a la realidad como un alma única. ¿Cuál es tu miedo más básico o fundamental? ¿Te sientes solo? ¿Aislado? ¿Abandonado? ¿O sientes ira, tristeza o luchas contra la pérdida de control? ¿Extrañas la seguridad del vientre materno, el vientre de la Unidad? Identifica las emociones que surgen del miedo.
A continuación, sintoniza con las emociones de alegría y entusiasmo que también forman parte de ti y te impulsaron a lanzarte a esta aventura. ¿Qué te produce alegría? ¿Qué te entusiasma acerca de este viaje? ¿Qué despierta tu curiosidad? En esa etapa no tienes palabras ni conceptos para describirlo. Pero ahora, al escuchar este mensaje, eres capaz de encontrar las palabras que identifican claramente las emociones y la pasión que llevas dentro. Recuérdalo y, de ese modo, obsérvalo con claridad. Sé consciente de ello. ¿Cuál es la alegría que experimentas? ¿Qué hace que sea algo emocionante y significativo? ¿Qué hace que tu alma se sienta feliz, apasionada, entusiasmada y llena de alegría?
Sabes que estas emociones básicas y niveles de sentimientos están relacionados ya sea con el miedo o con la alegría que todavía permanecen en ti a lo largo de todo tu ciclo de vidas, encarnaciones y más allá. Estas tonalidades emocionales siempre han formado parte de ti. Como alma, eres único; eres como un instrumento único con una vibración específica. Una parte de tu viaje consiste en descubrir quién eres. ¿Cuál es tu vibración única? ¿Cuáles son tus cualidades únicas, miedos y alegrías? Al sintonizar con la alegría de tu alma mientras recorres este enorme viaje, vislumbrarás quién eres en el estado de despertar; quién eres y quién serás cuando alcances la plena conciencia. Las semillas del despertar ya están presentes en el alma desde el comienzo mismo. Esas semillas son las que te infunden entusiasmo, alegría, pasión, el impulso de lanzarte a la aventura y seguir adelante.
Las semillas de la iluminación ya estaban allí en tu interior. No fue algo malo ni pecaminoso lo que te llevó a saltar a la dimensión de la dualidad y a emprender este gran viaje de experiencias. Fue tu divinidad —las semillas de luz, las semillas de conciencia que llevas dentro— lo que te impulsó a dar ese paso. Este es esencialmente un viaje positivo. Soy plenamente consciente de que tú no lo percibes así; muchas veces te resistes a este viaje o lo rechazas.
Explicaré las razones por las que este camino puede volverse muy intenso y doloroso. Pero, primero que todo, me gustaría que sientas y recuerdes en tu corazón tanto el miedo como la alegría que te llenaron de entusiasmo justo al comienzo de este viaje. Quiero que sepas que tu viaje a través de todas estas encarnaciones es verdadera y profundamente significativo. La alegría es uno de los impulsos o energías más grandes que sustentan la creación.
¿Por qué se ha vuelto tan difícil? Muchos de vosotros os planteáis esta pregunta, o se la dirigís al Espíritu: ¿Por qué todo este sufrimiento? ¿Por qué es tan difícil salir de él? Todos los que estáis escuchando este mensaje ya estáis ascendiendo; es decir, estáis preparados para trascender la creación inconsciente. Con esto quiero decir que habéis desarrollado un estado de conciencia desde la cual podéis observar vuestras propias emociones, especialmente aquellas emociones, defectos y patrones de conducta que surgen del miedo. Estáis desarrollando una conciencia que os ayuda a elegir entre el miedo y la alegría, entre el miedo y el amor. Todos vosotros sois cada vez más conscientes del hecho que sois los creadores de vuestro estado interior, de vuestro estado exterior, y de todos los acontecimientos que os están ocurriendo.
Sin embargo, hay una parte de ti que parece estancada. Esta parte es todavía un alma joven que está creciendo y avanza hacia la madurez. Este crecimiento no es algo que ocurra de manera fluida; conlleva altos y bajos. Hay partes de ti que aún están estancadas en la ignorancia y el miedo, mientras que otras han alcanzado un alto grado de evolución y sabiduría. Es una mezcla extraña, llena de paradojas e ironías. Pero estás familiarizado con esto: se llama ser humano.
Ahí estás, inmerso en esta mezcla de sentimientos, con ambigüedades respecto a la vida humana. En pocas palabras, lo que te mantiene estancado es ese miedo básico, fundamental, que acabas de identificar. Aunque ahora eres más consciente de él que nunca, ese miedo sigue aferrándose a ti; te hace retroceder y te impide avanzar hacia una mayor conciencia. Recuerda esto: cuando estás en un estado de miedo, te sientes impotente; sientes que no tienes control sobre las fuerzas que te amenazan y te hacen daño. Te sientes como una víctima, te sientes débil. En ese estado de temor, te sientes profundamente solo y vulnerable.
Te pido que vuelvas al estado de alegría con el que acabas de conectar y a sentir cuán expandida y expansiva se encuentra tu conciencia cuando estás ahí. No se trata de sentirse duro o fuerte, sino de experimentar una sensación de abundancia y alegría naturales. Estás en un estado de luz y confianza. Cuando estás en un estado de miedo, careces de confianza; no hay confianza o sensación de seguridad cuando sientes miedo. No crees que puedas simplemente entregarte y tener fe.
Te invito a sintonizar con la vibración de la alegría. Es extremadamente poderosa. Es la fuente de la vida. Es la iluminación que buscas. Las semillas de la iluminación ya estaban en tu interior desde el comienzo mismo. Ese es el motivo por el que emprendiste todo este viaje; por eso abandonaste el seno de la Unidad. Recuerda esta alegría, esta abundancia, este sentido de aventura, esta certeza de que estás a salvo, de que eres sagrado y de que formas parte del todo. Tú eres espíritu.
Permite que esta fuente de alegría, de vida y de abundancia, fluya hacia tu miedo. Estás listo para soltar ese miedo. Sabes que no te reportará nada bueno y que, en realidad, carece de verdad. El miedo puede presentarse como algo muy racional y parece tener sentido, pero no lo tiene. El miedo te constriñe, te empequeñece y hace que quieras retroceder en tu viaje en lugar de avanzar. El miedo te lleva a repetir patrones que fueron dolorosos para ti. El miedo hace que te aferres a un progenitor tal como lo haría un niño. Pero ya no eres un niño; ahora eres una persona madura. Este progenitor al que te aferras en tu imaginación cuando sientes miedo no sabe qué es lo correcto para ti. Es más ignorante que tú. Tú eres más sabio que este progenitor; has trascendido su nivel de conciencia. Eso es lo que te sucedió a lo largo de todo tu viaje evolutivo, al atravesar todas estas experiencias.
A medida que tu conciencia crece y crece, te vuelves más y más sabio; sin embargo, cuando el miedo se apodera de ti, olvidas tu sabiduría, dejas de confiar en ella y pierdes la fe en ti mismo. Pero no puedes volver atrás. No hay ningún progenitor que pueda librarte de tus pesares; ya has superado esa etapa. Ya no eres un niño. Abraza tu sabiduría. Siente tu luz y la chispa de alegría que desea crecer y crecer dentro de tu corazón.
Ya no juegues el juego de la ignorancia. Cuando realmente asumes tu propio viaje, cuando reconoces por todo lo que has pasado —toda tu experiencia— y conectas con la parte más sabia de ti, te liberas del miedo. Puede que no ocurra todo al mismo tiempo, pero recuerda esa parte de ti que todavía se encuentra atrapada en el miedo, la parte del alma joven que permanece en tu interior. Para ella, ahora tú eres el progenitor. TÚ eres el progenitor.
Siempre que te sientas atrapado en un estado de miedo, depresión, falta de fe, desconfianza o inseguridad, sé el padre o la madre para esa parte inconsciente de ti mismo. Eres mucho más grande y más rápido que esa parte ti.
Te invito a abrazar verdaderamente las semillas de iluminación que llevas dentro, a nutrirlas con tu luz, tu alegría, tu espíritu lúdico, tu sentido de la aventura y entusiasmo; y recordar y avivar esa parte de ti que ya estaba allí desde el principio y que ahora está esperando el momento de florecer plenamente.
Ya no eres un alma joven; por favor, agradece y valora a esa alma joven que fuiste. Valora el coraje que demostró y su disposición para atravesar las profundidades de la experiencia y los extremos de la dualidad. Aprecia su valentía, su audacia e incluso su ignorancia. Apréciala, respétala, maravíllate ante ella y, entonces, asume tu propia sabiduría y madurez.
Eres amado y apreciado.
Eres una parte innegable de la creación, un espíritu que forma parte del Todo.
Te amamos.
Mochas Gracias.
© Pamela Kribbe
Traducido del inglés por Isabel Suarez-Perez

